Las TIC como herramienta aliada en la educación

LAS TIC COMO HERRAMIENTA ALIADA EN LA EDUCACIÓN

Por: Profesor Henry Sarabia Angarita*

Hace algunos años atrás, antes de la pandemia del COVID 19, los maestros operábamos los sistemas de informática o las Tecnologías de Información y Comunicación -TIC- de manera básica. Muy tímidamente utilizábamos la plataforma de cómputo del colegio, por lo general la empleábamos para subir notas y en algunos casos para alojar tareas o recursos de lectura; claro está, en medio de dificultades, pues las computadoras no eran lo suficientemente robustas para soportar archivos electrónicos de gran tamaño, en KiloBytes -KB- o Megabyte -MB-, por las imágenes o videos según el peso y el formato de ese momento.


En ese entonces, los estudiantes tenían acceso a computadoras poco modernas, con programas desactualizados y su relación con la tecnología se reducía a la interacción, en lo que se denominaba “el aula de sistemas”, pero de sistemas muy poco tenía. En cuanto al acceso a la red Internet su uso era limitado, esto a razón de la baja capacidad de velocidad de la banda ancha que ofrecían los operadores de este servicio, al igual que la precaria configuración del hardware en los computadores de escritorio, siendo limitada la capacidad de almacenamiento de memoria interna, como del procesador de cada equipo PC en la sala o aula de sistemas. Tal condición causaba demoras, estrés, cierta frustración técnica, académica y poca eficacia de aprendizaje, tanto en los estudiantes como en los profesores.


De hecho, los conocimientos en sistemas informáticos, por parte de los docentes, eran contados, algunos con nivel básico, otros carecían de formación alguna, sin embargo, los que dominaban el tema de TIC tenían horas cátedra limitadas para procesos de capacitación. La enseñanza de sistemas en los planteles se daba en dos modalidades, primero la teoría dictada en el salón de clases, luego la práctica en el aula de sistemas, pero cuando se llegaba al aula de computo, poco se podía implementar, debido a las deficiencias tecnológicas antes mencionada. Resultado de ello, los docentes en el aula teníamos que acudir, nuevamente, a los recursos del siglo ante pasado, es decir el pizarrón, los marcadores, algunos con tiza, el mapamundi desactualizado, los libros de ediciones antiguas, diccionarios, láminas, fotografías, fichas, tarjetas, títeres, etc.


Cabe recordar que, en los inicios de la década del 2000, entre los recursos tecnológicos empleados en su momento en ciertos planteles educativos fueron: la grabadora, los reproductores de VHS, luego de CD y DVD, el retroproyector de acetatos y de diapositivas, estas últimas por supuesto no eran digitales, sino en láminas de filminas. Algunos pocos salones, contaban con dotación audiovisual, entendiendo ello el conjunto de un televisor con su respectivo reproductor de video. Realmente, la mayoría de colegios no contaban con un aula de audiovisuales, aunque surgió la iniciativa en determinados planteles educativos para innovar en cuanto a recursos didáctico y pedagógico, y avanzaron con la compra de tableros electrónicos, pero, dada la poca capacidad de conexión, estos fueron ineficaces, también en su limitante didáctica que generó incomodidades para los educandos y sus maestros. Ni para qué hablar del material fotocopiado, que estaba a la orden del día.


  • Sarabia Angarita, Henry (2022). Administrador educativo, especialista en Legislación educativa y procedimientos. Magister en educación. Tecnológico de Monterrey.

En el siglo XXI, las primeras dos décadas, fueron caracterizadas por resaltar diversos planteamientos y tesis con novedades teóricas, especialmente para los actores de la enseñanza. A los maestros se nos habló y enfocó para formar en competencias, se nos capacitó en las habilidades TIC, y se nos sugería utilizarlas en el aula tal y como lo plantea Perrenoud (2008) en su libro “diez nuevas competencias para enseñar”. Por supuesto que los maestros realizábamos esfuerzos, pero muy poco se podía avanzar dado los precarios recursos lograr eficiencia y eficacia.


Recientemente, con la llegada de la pandemia y teniendo en cuenta aquel refrán popular que reza: “no hay mal que por bien no venga”, los docentes, desde el momento en que nos informaron que debíamos pausar el aula tradicional, nos vimos obligados a pensar en alternativas con otras formas de enseñar. Lo primero que planteamos, luego de analizar, fue acudir a las guías integradas con el objetivo de no acumular a los estudiantes y padres de familia con numerosos trabajos o tareas.


Luego, a medida que avanzaba el tiempo y que avizorábamos que el virus era cada día más agresivo, rectores y profesores comenzamos a pensar en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, recurriendo a las herramientas que teníamos a nuestro alcance, pero que antes no se nos había ocurrido utilizarlas, tales como el Classroom, las plataformas de teams, meet, zoom, YouTube, Earth, Jamboard, buscadores, blogs, grupos de correo, redes sociales, telefonía por Internet, entre otras herramientas.


De esta manera, la pandemia nos llevó a utilizar lo que por mucho tiempo teníamos a nuestro alcance, pero no se nos había ocurrido, bien sea porque no contábamos con las herramientas en las instituciones, o porque no dimensionábamos su alcance. Como toda crisis, ésta nos desequilibró, generó conflictos y desajustes, pero al final dejó grandes enseñanzas para reflexionar, vivir y mejorar en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Vale la oportunidad para recordar como lo expresa el psiquiatra Alejandro Rocamora: “en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte” (Rocamora).


Ahora bien, no se puede desconocer que la pandemia nos llevó como educadores a trabajar las competencias y habilidades requeridas para el siglo XXI, y que ellas nos han permitido, como lo afirman Reimers y Chung (2016), una mayor alfabetización digital, visual e informática, multicultural. Además, de forjar una conciencia global de pensamiento inventivo y creativo, de comunicación interactiva y uso efectivo con las herramientas del mundo real, entre otras.


Por otra parte, al terminar el segundo año de la pandemia, se reconocieron complejas dificultades y problemáticas en el ámbito escolar que, aún siguen presentes en los planteles educativos, no solo desde el punto de vista de la convivencia y los aspectos socioafectivos o emocionales, también en lo relacionado con los aprendizajes bajos o nulos por parte de los niños, niñas y adolescentes que no tuvieron las mismas oportunidades por carecer de acceso a las tecnologías o por la dificultad para apropiarse de ellas; en esto se debe trabajar para garantizar condiciones de igualdad en el derecho a la educación.


LA PRESENCIALIDAD COMO ESCENARIO Y OPORTUNIDAD PARA AFIANZAR LO APRENDIDO EN LA PANDEMIA

Teniendo en cuenta que, cada día surgen cambios en la demanda de habilidades para el siglo XXI, la escuela debe darse la oportunidad para debatir sobre qué transformaciones se requieren motivar como facilitar, para que nuestros niños, niñas y adolescentes puedan acceder a las herramientas pertinentes con las cuales adquieran conocimientos y habilidades que les permitirán enfrentarse a un mundo competitivo, del conocimiento, o por el contrario, a una sociedad de ignorancia como la llaman Mayos y otros (2011). Sin duda, las competencias tecnológicas constituyen esas áreas del saber-saber y saber-hacer, claves y protagonistas en ese mundo globalizado al que se tienen que enfrentar nuestros estudiantes. En tanto, el pensamiento crítico, la evaluación de la información de distintas fuentes, la alfabetización y las habilidades para comprender datos y tomar decisiones, serán claves, tal y como lo es el conocimiento tecnológico y el aprendizaje continuo.


En este panorama, los planteles educativos deberán tomar la decisión de involucrarse en ese transformación y mejora tecnológica, ahora digital, esto si no quiere desaparecer en el sector, sin dejar de lado, por supuesto, su papel principal de la socialización, el liderazgo, la colaboración, el trabajo en equipo y cooperativo, el espacio para la recreación, la diversión, y todo aquello que señala Lomas ( 2002), cuando expresa que la escuela es ese lugar donde ocurren cosas divertidas, donde se viven las angustias, el llanto, los primeros encantos, pero también desilusiones y donde se goza con el placer de los éxitos, además se sufre con el fracaso. Así que, la escuela tendrá que darles cabida a las TIC, bajarlas del pedestal en que aún permanecen, utilizarlas como apoyo para aprendizajes más dinámicos, divertidos, eficaces, eficientes, creativos e innovadores, propios de una moderna institución educativa del Siglo XXI, y que nos ayudará a bajar los altos índices de deserción y repitencia, los cuales actualmente, día tras día, aumentan.


Al respecto, los actores responsables de la educación y formación de los niños, niñas y adolescentes, como son los padres de familia, los maestros, las instituciones públicas y privadas, y demás encargados, debemos entender que el mundo y las cosas han y seguirán cambiado; en tanto, los aprendices de hoy disponen, en su mayoría, de 24 horas de televisión, internet, interacción con redes sociales, acceso a un mundo globalizado de información, crean nuevos espacios de amigos virtuales, compañeros de tecnología quienes dejan algunas huellas, que también debemos abordarlas desde las entidades educativas, la familia y la comunidad en general, sobre todo con participación idónea de los medios de comunicación, que también pueden cumplir un papel fundamental, claro, si se trabajara conjuntamente desde un objetivo común con el sector educativo de básica y secundaria, (Acevedo, 2005).


Por otro lado, y desafortunadamente los desafíos que actualmente se colocan los niños a través del Tic Toc, WhatsApp, Instagram, Facebook u otras redes, es un contexto problemático que los educadores debemos abordarlos y tratarlos pedagógicamente, si queremos que esos compañeros de tecnología, que acompañan a los niños, no nos impongan las conductas disruptivas que hoy estamos viviendo, ejemplo de ello con inducir a realizar actos que ponen en riesgo la integridad, salud y vida de éstos, sea con uso de drogas o medicamentos para el tratamiento de la disfunción eréctil, así como de lanzarse al vacío en pruebas absurdas u otras que pululan en las redes sociales. Con base en tal escenario, de sandez, retadora en una parte de la sociedad, estamos ante una niñez y juventud tecnologizada que se ha venido criando a plenitud en la era digital, pero que tomó la ruta que le lleva a un vacío existencial, y con mayor razón, los maestros debemos asumir la responsabilidad que nos compete en ese sentido, pues la tecnología pese a que, algunos la sacralizan, otros la satanizan, unos la ven clara, otros oscura, con pros y contras. No obstante, el problema no es la tecnología, pues esta se creó para optimizar procesos, gestionar información, facilitar dinámicas comunicativos, solo que el uso de esta se cuestiona, uso que le asigna el humano, éste decide qué y cómo usarla, lamentablemente algunos la manipulan en una ruta, objetivo y ámbito que en vez de desarrollar al humano como ser integral, lo están atrofiando, desvirtuando de su oportunidad de ser realmente libre, pues hoy, éste es dependiente de un sistema que lo domina.


A propósito, si los niños, niñas y adolescentes, cada día se vuelven más dependientes de tecnologías audiovisuales e informáticas, los maestros podemos apoyarnos en esta dinámica moderna, de una sociedad permeada de cibercultura, y exigir en las instituciones educativas, un acondicionamiento tecnológico en las aulas, así como de capacitarnos e implementar modernos y mejores métodos pedagógicos, cuya técnica posibilite persuadir a los estudiantes hacia la aprehensión de prácticas pertinentes que le ayuden a desarrollar competencias para el desarrollo humano integral, las herramientas ya existen, el tema es el cómo configurar estas y aplicarlas, factor que implica pedagogía e innovación.


Lo anterior teniendo en cuenta que la tendencia de la actual sociedad, en especial de los jóvenes, es estar conectados, gran parte de su tiempo, en un móvil, dependientes de lo experiencial con su comunidad de interacción virtual, en cuya influencia lo cultural juega un papel determinante. He aquí mucho por replantear, respecto de la forma de saber-hacer desde la docencia actual. Pues, las múltiples experiencias en las aulas de clase en diversos planteles educativos nos permiten identificar, reconocer y analizar la motivación que encuentra el niño, niña o adolescente en su teléfono, generalmente fuera del interés de aprendizaje de la clase en sí; y, por otro lado, la desmotivación que causa al maestro o maestra, cuando éste le está explicando algo en el tablero a sus alumnos, pero pocos le prestan la debida atención.


En una oportunidad, cuando le estaba explicando a un estudiante sobre el diseño de planos en dos dimensiones, éste me manifestó e hizo reflexionar dado, que él contaba con una herramienta más avanzada que la que yo le exponía, se trataba del juego Minecraft, con el cual podía a partir de su interacción “crear casas, edificios, hacer ciudades y aventuras infinitas, explorar y aprender y construir cualquier cosa: desde la casa más sencilla, hasta el más grandioso de los castillos” y que además podía trabajar con otros compañeros, siempre y cuando tuvieran acceso a Internet.


Lo anterior me llevó a recordar sabias palabras que el doctor Guillermo Carvajal, médico psicoanalista compartiera en una conferencia, respecto de que los maestros y los padres de familia estamos cada vez más distantes de los modelos de funcionamiento de esta generación, lo cual es cierto; pues, mientras los niños andan gozándose los juegos y aprendiendo creativamente, los docentes aún continuamos con los modelos de enseñanza del siglo pasado. Esto sin desconocer, como lo dije antes, que también se debe a que los planteles educativos no se han actualizado, y con ello se cumple la afirmación de que la escuela es una institución del siglo XVIII, con maestros del siglo XX y con niños del siglo XXI. Lo planteado por el doctor Carvajal, lo describe claramente en uno de sus más recientes libros: Creando talentos. Respuesta a una escuela inoperante.


Retomando, es curioso que algunos maestros y padres de familia, presenten conflictos con sus hijos y estudiantes, en ocasiones casi que permanentemente, por el uso inadecuado que los chicos dan al celular, dado que en los hogares denotan aislamiento familiar, y en el aula desatención de las clases.


Esta última con la típica práctica de esconderlo para jugar o chatear con otras personas, o simplemente como también lo hacemos los adultos, para revisar las notificaciones en redes o mensajes personales. Sin embargo, este dispositivo móvil, llegó para quedarse por mucho tiempo, cada día más sofisticado, nos trae dolores de cabeza, por ejemplo, cuando los alumnos buscan la manera de evadir las clases para conectarse a Internet y jugar, o comunicarse con sus pares, curiosamente, en algunos planteles se observa cómo distintos estudiantes escudriñan la red wifi más accesible de la parte administrativa del plantel para conectarse, porque en el aula de clase, por supuesto no se cuenta con tal servicio.


Ahora, del celular como de otros dispositivos electrónicos, se dicen muchas cosas, existen diversas posiciones, hipótesis, perspectivas y prospectivas: unos mencionan que el uso de estos equipos y sus aplicaciones potencia el desarrollo cognitivo, pero otros refutan que lo retrae; otros mencionan que tienen muchas ventajas, beneficios, oportunidades, que permite romper las barreras sociales, socioculturales y trasciende las paredes de la convencionalidad educativa, mucho de cierto en cada una. Pues a través de estos aparatos se puede acceder al conocimiento y al mundo en general. No se puede desconocer que el acceso al conocimiento y a los contenidos cada día es más fácil. Tan solo con un clic en el smartphone un estudiante puede reafirmar, desmentir o desvirtuar lo que el padre o el maestro le está diciendo, pero también emplear estas herramientas para debatir sobre uno u otro tema, aspecto que es favorable cuando ello es dado en un ambiente de respecto y construcción de saberes.


De la misma manera, el uso de las TIC permite generar puentes de comunicación gráfica, visual o auditiva, además de conexiones con contenidos, en ocasiones, más amplios y divertidos que los proporcionados por los adultos, e incluso generar otras emociones, o por qué no, mejores estrategias de aprendizaje, con mayor disfrute. Así entonces, comparta uno como adulto o no, el acceso a las TIC desde la escuela, la realidad es que la institución educativa no puede estar contra el mundo como lo plantea Luri, (2018), este autor menciona que: “La educación no solo debe capacitar al niño para una adaptación activa a las condiciones del futuro, sino que ella misma tiene que participar activamente en el diseño de ese futuro” (p.66).


En este contexto, querámoslo o no, la tecnología es aplicable, funcional, oportuna, cada día con mayor aplicabilidad y fortaleza, aspecto por el cual no debemos apartarnos de esta dinámica, desarrollo, avance e innovación, pues de la manera como la adoptemos e integremos en nuestra misión educativa y formativa podrá ser más que una herramienta, una especie de aliado estratégico. Claro, en esto hay que trabajar, mejorar e innovar. Las TIC modernas y las que se contemplan para próximos años no las podemos desconocer, porque nuestros estudiantes están inmersos en esa tendencia, cultura, ámbito y aplicabilidad, y ello marca una directriz.


El rezago tecnológico en la educación, desde las escuelas, los colegios, incluso algunas universidades, no pueden ser excusa para no permitirle a los estudiantes el acceso a dichas tecnologías, utilizando incluso sus mismos aparatos, equipos o dispositivos, al igual como nos tocó a la mayoría de los docentes en el confinamiento, elementos con los cual pudimos evitar la interrupción del proceso enseñanza aprendizaje, impacto que se mitigó con la decisión y acción emprendida. Por supuesto que el uso de las TIC, debe hacerse teniendo en cuenta cuáles son las que genera mayor interés y motivación para la adquisición de conocimiento, además para el desarrollo de habilidades y capacidades. En esto, los maestros y maestras debemos convertirnos en investigadores, para evitar caer en la rutina y la desmotivación que produce el uso repetitivo de determinadas metodologías; igual para ello, los docentes debemos exigir la capacitación requerida, en el entendido que el cerebro de los niños de hoy, no aprende de la misma forma que épocas de otrora, tal como lo plantean las docentes e investigadoras Blakemore y Frith (2008), en su libro: Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación.


Al desconocer o no aceptar que los niños de hoy aprenden diferente, respecto de la forma y método como aprendimos nosotros, corremos el riesgo que el maestro pueda ser reemplazado por un monitor, un robot o cualquiera de los aparatos tecnológicos que hoy se están diseñando con inteligencia artificial (IA) e internet de las Cosas (IdC). En esto, los docentes a corto plazo tenemos el reto de aprender a utilizar la robótica en la escuela como herramienta, como un instrumento, pues, en muchos países, incluso en Colombia ya está Edinson, con quien se puede realizar actividades; se creó a Finch robot con forma de animal e interactúa con cientos de actividades en clase; también esta bee-bot, en forma de abeja. Diversos prototipos cibernéticos robotizados simulan animales prehistóricos como dinosaurios, y también modelos de extraterrestres, sin duda, seguirá la industria de la tecnología de IA diseñando estos para buscar alternativas de cómo hacer el aprendizaje más divertido, creativo y ameno. Por esto, los docentes no podemos desconocer dichos avances, porque cuando se dinamice su adopción en lo institucional del sector educativo, será mejor estar preparado y poder articular ello para manejarlo, y no que ello maneje al profesional humano, es decir, a la persona en sí (el maestro).


Es importante entender que el papel de los educadores no podrá ser el mismo de simples transmisores de contenidos, sino que tendremos que poner en práctica y profundizar en las nuevas competencias profesionales para enseñar lo que plantea Perrenoud (2008) en cuanto a organizar, gestionar y animar situaciones de aprendizaje, y hacer del avance, elaboración para la evolución de sistemas tecnológicos con uso de dispositivos que den valor y diferenciación. Además de integrar a los alumnos en su aprendizaje, trabajar en equipo, participar en la gestión de la escuela, informar y motivar a los padres, utilizar las nuevas tecnologías, afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión, así como la necesidad de organizar la formación continua.


De igual manera, los docentes no debemos desconocer lo que se le está solicitando a los planteles educativos, en cuanto al sentido de enseñar a pensar críticamente, un planteamiento que lo expone claramente, Muñoz (2018), cuando plantea que el profesor del siglo XXI debe tener las características de pensador, mediador, modelo, investigador y experto, así como de permitir el cuestionamiento y la transferencia de conocimientos y defender la evaluación como oportunidades de aprendizaje, (p:56).


Por su parte, la reflexión que realiza John Hattie en el prólogo del libro la escuela en la nube de Mitra (2021), en el sentido que más del 97 por ciento de niños y niñas de cinco años, quieren ir a la escuela a aprender, pero, tal porcentaje decrece entre un 30 a 40 por ciento, al final del proceso escolar de la primaria, según cada plantel. Tal situación continúa ascendiendo ligeramente en la secundaria; aspecto cuyo indicador debe poner al sector educativo en alerta para pensar en qué otras alternativas y estrategias de aprendizaje se deben abordar, replantear, diseñar y establecer con el objetivo que los niños, niñas y adolescentes se motiven con mejor dinamismo por los aprendizajes, y evitar en lo posible reducir el abandono, la deserción escolar, la repitencia que se incrementa en cada periodo académico. Tales aspectos que denotan un contexto situacional de complejidad deben abordarse desde todos los ámbitos de lo institucional público, incorporando ello en la agenda pública, llevarlo al legislativo, como incorporarlo en la evaluación de las políticas públicas educativas, además de la búsqueda de una mayor financiación del sector. También es importante abordar problemas complejos y dar solución eficaz, como en el caso del hacinamiento en las aulas, sin olvidar variables claves de una reforma del currículo y el plan de estudios, la definición de una mejor metodología en la evaluación de los estudiantes, de los procesos, proyectos y programas para la actualización de los maestros y maestras del país, aplicando esto en cada región, departamento, distritos, municipios y veredas. Aspecto que infiere una misión y visión de política pública para el mejoramiento de las condiciones laborales, salariales y pedagógicas, entre otros requeridos para desarrollar el sector educativo del siglo XXI.


En concordancia con los planteamientos de John Hattie, en su prólogo del del libro: “La Escuela en la nube de Sugata Mitra”, menciona que:

Los maestros tendremos que aprender a hablar menos, a aceptar internet como un recurso principal, a evaluar el aprendizaje en términos tanto de saber muchas cosas como de entender en profundidad, a renunciar a gran parte del abarrotado currículo actual, a acostumbrarse a cuerpos en movimiento en la escuela, en lugar de permanecer en aulas estáticas, y a apreciar la amplia reserva de emoción y potencial desaprovechados que todos y cada uno de los alumnos y alumnas pueden usar si no los limitamos con filas indias, timbres, cháchara de los maestros y demasiadas cosas que hacer. (Hattie, p.26).

De esta manera, y sobre la base de lo anterior, los maestros debemos actualizarnos e incorporar nuevas herramientas a nuestra profesión, hacer una crítica constructiva y propositiva en cómo abordar desafíos y retos, en una concepción de cibersociedad y cibercultura, además de aceptar la internet, sus recursos, aplicaciones y los nuevos prototipos de las TIC como una oportunidad, para evaluar el aprendizaje en términos que exige actualización, conforme las nuevas formas de lenguaje, aprendizaje, comunicación y gestión del conocimiento.


Con todo esto, el cuerpo de la educación, como la mente de este, debe estar en movimiento, ser dinámico y no permanecer (perpetuo) en aulas estáticas. Sobre todo, es necesario apreciar el amplio potencial, a veces desvalorizado, poco o nada visible o aprovechado respecto de las capacidades, competencias y habilidades que todos y cada uno de los alumnos y alumnas disponen, algunos incluso que ni saben que tienen esas virtudes, pero que necesitan ser motivados, orientados, concientizados en un marco de oportunidad para el desarrollo humano integral, y si eso lo posibilita las TIC como herramientas integradas y aplicadas a un bienestar común de orden social, bienvenidas.


Finalmente, como lo manifiesta López Carrasco Miguel, en su libro: Aprendizaje, competencias y TIC; los docentes debemos entender que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos enfrenta y seguirá enfrentando a grandes retos, pero nos ofrece grandes oportunidades, las cuales son fundamentales para afrontar los desafíos que nos impone la sociedad del conocimiento, sin dejar de lado que ellas son “meras herramientas de apoyo y transformación de nuestra sociedad, con las que se fortalecen diferentes aprendizajes como parte de la mediación entre diversas prácticas culturales” (López, 2012, p.231).


Dada las diferencias que han suscitado en la sociedad respecto de la dependencia en el uso de las TIC, la internet y otras aplicaciones, recuerdo el refrán popular: “Ni tan cerca que queme al santo… ni tan lejos que no lo alumbre”. Tomo este aforismo para hacer un símil en la concepción de la forma en que se critica el uso de las TIC, pues estas no son malas, no son buenas, no son santas, menos diabólicas, no son oscuras, no son claras, sencillamente son lo que se hacen de ella, el problema no radica en su existencia como tal, sino en la forma en que el humano decide e incide sobre estas, aun cuando en ocasiones compromete su voluntad para ser dependiente de un objeto. Sin duda, las TIC constituyen una herramienta aliada en los procesos metodológicos para iniciativas y objetivos de la educación, lo importante es el cómo se articulan y se hace eficaz y eficiente en la interacción con la población aprendiz de un determinado establecimiento educativo.


Referencias bibliográficas

Acevedo, A. (2005). Casos y Cosas. Bogotá: Editorial Penguin House Editorial Colombia.


Blakemore, S., y Frith, U. (2008). Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación. Editorial Ariel S. A. Barcelona, España.


Carvajal, G. (2019). Creando talentos. Respuesta a una escuela inoperante. Bogotá: Editorial Tiresias Internacional.


Concal, M. Brei, A. y otros (2011). La sociedad de la ignorancia. Ediciones Península. Barcelona.


Hattie, John. Escuela de posgrado de pedagogía Universidad de Melbourne, Australia. Prólogo del libro la Escuela en la nube de Sugata Mitra. Colombia: Editorial Planeta Colombiana S. A.


Lomas, C. (2002). La vida en las aulas. España: editorial Paidós Ibérica S. A. Página 17.


López, M., A. (2012). Aprendizaje, Competencias y TIC. México: Editorial Pearson


Luri, G. (2018). La escuela contra el mundo


Mayos, C., Brei, A. y otros. (2011). La sociedad de la ignorancia. Barcelona, España: Ediciones Península.


Mitra S. (2021). La escuela en la nube. El futuro del aprendizaje. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana S. A. Bogotá.


Muñoz Hueso, Ana C. (2018). Enseñar a pensar. Bogotá: Ediciones de la U.


Perrenoud, P. (2008). Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona, España: Editorial Graò, P:15


Reimers, F., y Chung, C. (2016). Enseñanza y aprendizaje en el siglo XXI. México: Editorial Fondo de Cultura Económica.

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